Ananías
I.
Es tarde. Muy Tarde.
Ananías opta por el descanso.
La debilísima luz del lucernario agiganta sombras en el techo.
Se ve a sí mismo.
Observa suavemente el jirón de cabello y la cenicienta barba adosada al manchón de oscuridad.
Ananías contempla su propia figura dilatada en fragmentos ondulantes.
Piensa: Este soy yo…
Un espejo multiplicado difuso y lánguido.
Otra interrogante estampada en la pared.




